BLOG EDITADO POR ALEJANDRO OSCAR DE SALVO

jueves, 7 de febrero de 2013

EL VALOR DE LA ORACIÓN ESPIRITUAL EN LA PROFESIÓN DE FE CRISTIANA


EL PROFESO CRISTIANO
Y
LA ORACIÓN ESPIRITUAL

jesucristo orando
EL VERDADERO CRISTIANO ES UN HOMBRE DE ORACIÓN



     TEMARIO


I) INTRODUCCIÓN. LA IMPORTANCIA DE LA ORACIÓN EN LA FE CRISTIANA.

II) CONCEPTO.

III) CLASIFICACIÓN.
    
 IV) ETAPAS DE LA ORACIÓN.

V)  MÉTODOS DE ORACIÓN CRISTIANA.

VI) FUENTES DE LA ORACIÓN.

VII) DESTINATARIOS DE LA ORACIÓN.

VIII)  LA ORACIÓN EN LA TRADICIÓN PROTESTANTE.

IX)  EMPRENDER EL CAMINO CON MAESTRO O EN SOLEDAD.

X) EN MOMENTOS DE SEQUEDAD.

XI) LAS POSTURAS EN LA ORACIÓN.                                                                

XII)     LA CONTEMPLACIÓN ES LA CULMINACIÓN DE LA ORACIÓN CRISTIANA.                   

XIII)  LA VÍA MÍSTICA CRISTIANA.

XIV)   LA ORACIÓN CONTINUA.

XV)     EPÍLOGO.    

  

EL PROFESO CRISTIANO
Y
LA ORACIÓN ESPIRITUAL


jesucristo orando
EL VERDADERO CRISTIANO ES UN HOMBRE DE ORACIÓN


I)  INTRODUCCIÓN. LA IMPORTANCIA DE LA ORACIÓN EN LA FE CRISTIANA.

En este trabajo se aborda como tema central la <<Oración Espiritual>>, una cuestión fundamental en la vida de todo cristiano y, asimismo, para toda persona que desee llegar a profesar la religión cristiana.

Es entonces necesario dejar establecido desde un comienzo que el impacto que tiene la oración en el desarrollo espiritual del creyente es de tal envergadura que se convierte en una condición sine quo non para la profesión de la religión cristiana. O, dicho en otros términos, quien no ore de manera regular y comprometida queda reducido a la calidad de <<cristiano social>> o, como también se suele decir, cristiano <<de nombre>> o <<de etiqueta>>.

Un mínimo análisis de ambas categorías ya evidencia la gran distancia que existe entre quien <<profesa>> la religión cristiana (el verdadero cristiano) y el cristiano <<de etiqueta>>, tanto en la faceta religiosa de sus vidas como en las conductas que siguen en las actividades familiares, sociales y profesionales.

El profeso cristiano, entre otros rasgos distintivos, se reconoce por:

        Su activa vida de oración y mortificación.

        Su empeño por estar en comunión con Dios, traducido en su esfuerzo para evitar los pecados, tanto los capitales como los veniales.

        Su conducta guiada por el amor a Dios y a sus hermanos, exteriorizada en un comportamiento humilde, paciente y solidario.

        Su abandono a la voluntad de Dios.

        Su correspondencia a la Gracia.

        Su compromiso para emplear los dones recibidos para la gloria del Señor.

        Su espíritu de sacrificio.

        Su claro testimonio de vida cristiana.

        Su incesante afán de crecer en las virtudes teologales (Fe, Esperanza y Caridad).

        Su consecuente trabajo destinado a desarrollar y aplicar las virtudes cardinales (Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza) en todos los órdenes de su vida.

        Su enjundiosa lucha por salvar su alma y alcanzar la vida eterna.

        Su valerosa defensa de la Santa Religión Cristiana, en las oportunidades que así le corresponde.

 Sobre este último punto es necesario aclarar que la defensa de la Santa Religión Cristiana es ahora tan necesaria como la que otrora llevaron a cabo los mismísimos Templarios, aunque la forma en que ésta se deba librar actualmente sea diferente a la que reclamaba la edad media.

La defensa de la Santa Religión Cristiana que hoy se les demanda a los cristianos es la defensa de la fe cristiana, de la moral cristiana y de las Iglesias cristianas e instituciones que las integran, en todos y en cada uno de los ámbitos del quehacer humano.

Eso implica que cada iniciado cristiano tiene la obligación irrenunciable de hacerse cargo de la defensa de la Santa Religión Cristiana en la parte que le competa, vale decir, en el lugar y en la actividad en que a cada uno le toque desenvolverse.

El celo en el cumplimiento de esta obligación es imprescindible frente a los graves y permanentes ataques de los enemigos del cristianismo que se hallan empeñados en erradicarlo de la vida actual, favorecidos por el contexto que aporta un mundo globalizado en el que las nuevas leyes y costumbres son impuestas por los mercados y las comunicaciones.

En esta emergencia no se puede hablar con eufemismos, los sectores anticristianos lisa y llanamente pretenden impedir que la fe, los valores y las tradiciones cristianas sean transmitidas a las generaciones futuras.

La trascendencia que adquiere en las actuales circunstancias la debida defensa del cristianismo nos lleva a formular la siguiente pregunta: ¿Cuál será la capacidad y la motivación que tendrá un <<cristiano de etiqueta>> para cumplir su compromiso y defender efectivamente la Santa Religión Cristiana? La respuesta es obvia y dolorosa. NINGUNA. (Y ni que preguntar respecto de los maquinadores anticristianos que optan por actuar bajo máscaras cristianas y, muchas veces, conducen organizaciones conspirativas que operan con una fachada de apariencia cristiana).

Hechas estas aclaraciones sobre el perfil del profeso cristiano y la defensa de la religión cristiana que le compete, se vuelve al tema específico de este trabajo: La Oración Espiritual.

Hemos visto previamente que la práctica de la oración es un medio insoslayable para promover la espiritualidad y practicar la religión cristiana, debiéndose señalar a continuación que el orar también alcanza un fin en sí mismo por el legítimo goce que genera entrar en intimidad con Dios.

 “Sumergirse en el acto orante es sumergirse en la belleza que encierra dicho acto... El abandono y la entrega a la oración es la mayor belleza que puede acompañar nuestra vida; esa entrega... esa rendición ante lo que nos sobrepasa...”[3]

“Uno puede optar por cubrir su vida con un manto de belleza o permanecer en la sequedad, el desasosiego, la inquietud, la fealdad o en la amargura. En algún momento de tu vida tendrás que optar por lo uno o por lo otro, más allá de ideologías, argumentaciones y razonamientos de la mente pensante.”[4]

“Merece la pena apostar por lo primero y que tu paso por este mundo esté acompañado de la Luz, el Calor y la Belleza de lo Sagrado, convirtiéndote así en un foco de irradiación de esas cualidades para tu entorno.”[5]

En consecuencia, no hay tiempo que perder. Este mismo es el momento de poner manos a la obra y hacer lo necesario para afianzar una activa vida de oración, mejorar la calidad de la misma, elevar su intensidad, avanzar en sus etapas y, con la ayuda del Espíritu Santo, aumentar los beneficios que se derivan para el alma.

II)                  CONCEPTO DE ORACIÓN ESPIRITUAL.

 Orar es hablar con Dios, de tú a tú, como le habla un hijo a un padre. Y a Dios podemos decirle cualquier cosa: lo que vivimos, nuestras preocupaciones, lo que hemos logrado, aquello en que necesitamos su ayuda, incluso platicarle nuestro día tal y como lo haríamos con la gente a la que le tenemos confianza y le queremos. La oración es un dirigirse a Dios para bendecirlo, alabarlo, reconocerlo, pedirle cosas para nuestro bien y/o el de terceros y agradecerle lo que hace por nosotros.

Resultan ilustrativas las distintas definiciones de oración cristiana dadas por santos, doctores de la Iglesia y el pontífice Juan Pablo II:

“La oración es la elevación del alma hacia Dios y la petición de lo que se necesita de Dios. (SAN PEDRO DAMIAN, en Catena Aurea, vol. III, p. 304).”[6]

 • “La oración es la elevación de nuestro corazón a Dios, una dulce conversación entre la criatura y su Creador. (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la oración).”[7]

  • “La adoración es el acto por el que uno se dirige a Dios con ánimo de alabarle (ORÍGENES, Trat. sobre la oración, 14).”[8]

  • “La oración es el acto propio de la criatura racional. (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 83, a. 10).”[9]

  • “La oración es el reconocimiento de nuestros límites y de nuestra dependencia: venimos de Dios, somos de Dios y retornamos a Dios. Por tanto, no podemos menos de abandonarnos a El, nuestro Creador y Señor, con plena y total confianza [...]. La oración es, ante todo, un acto de inteligencia, un sentimiento de humildad y reconocimiento, una actitud de confianza y de abandono en Aquel que nos ha dado la vida por amor. La oración es un diálogo misterioso, pero real, con Dios, un diálogo de confianza y amor. (JUAN PABLO II, Aloc. 14-III-1979).”[10]

Las palabras que usa la Escritura para referirse a ella son: invocar (Gn 4, 26), interceder (Job 22, 10); mediar (Is 53, 10), consultar (I Re 28, 6); suplicar (Ex 32, 11) y, con mucha frecuencia, clamar. Los Padres hablan de ella como “la elevación del alma a Dios”, con miras a pedirle cosas apropiadas (San Juan Damasceno, “De fide”, III, 24, in P.G. XCIV, 1090). También la ven como comunicación y conversación con Dios (San Gregorio de Niza, “De oratione dominica”, en P.G. XLIV, 1125) o como diálogo con Dios (San Juan Crisóstomo, “Homilia XXX in Gen.”, n. 5, en P.G. LIII, 280).[11]

“El Catecismo de la Iglesia Católica nos explica en síntesis que <<La oración es la elevación del alma hacia Dios o la petición a Dios de bienes convenientes>> (CIC 2590), es decir, pedirle lo que es bueno para nuestra alma y nuestra salvación. Cualquier cosa que sea contraria a esto, por supuesto que no nos la concederá, porque ante todo nos ama y nunca haría nada para hacernos daño.”[12]

III)      CLASIFICACIÓN:

Las oraciones, básicamente, se pueden diferenciar:

III.1) Por la forma:

                               a) Vocal (Exterior, con voz o movimientos de labios)

                               b) Mental (Interior, sin voz ni movimiento de labios)

                               c) Contemplativa (Silencio en presencia de Dios)

                               c) Pública (La que se realiza en la liturgia[13])

                               e) Privada (Fuera de la liturgia, individual[14] o grupal)

III.2) Por  la finalidad:

                               a) Bendición y adoración. (Actos de piedad y reconocimiento).

                               b) Petición. (Solicitar algo bueno para uno).

                               c) Intercesión. (Solicitar algo bueno para terceros).

                               d) Acción de Gracias. Agradecimiento de lo que hace Dios por nosotros.

IV) ETAPAS DE LA ORACIÓN.

“Realmente, más que clases distintas de oración, se trata de etapas sucesivas, graduadas desde la más sencilla hasta la más profunda, etapas que se atraviesan en todo proceso de oración. Santa Teresa habla de cuatro grados: meditación, contemplación imperfecta, oración de alabanza unitiva, y contemplación perfecta.”[15]
       
“Nace aquí una diferencia importante entre oración y contemplación: en la oración hay un esfuerzo personal, un uso de las facultades humanas, una actividad de la mente, una apoyatura en palabras, imaginaciones y conceptos; en la contemplación, sólo queda una «pura mirada de amor» (san Buenaventura de Bagnoreggio), una «atención amorosa a Dios» (san Juan de la Cruz), un «encuentro con el Esposo» (santa Teresa de Jesús). Es un paso superior a la oración, una profundización de ella, en la que se produce la fase «unitiva» de la mística cristiana.”[16], hasta alcanzar la contemplación perfecta.

“La verdadera oración es, pues, la que lleva a la contemplación: la palabra debe llevarnos al silencio; de la mente debemos descender al corazón.”[17]

V) MÉTODOS DE ORACIÓN CRISTIANA.

 Para llegar a esa comunión, los místicos cristianos han enseñado una amplia diversidad de métodos.

“De los cuales el más «clásico» es el método benedictino, que consta de cuatro fases: lectio (lectura pausada del texto, dejándose penetrar por su contenido); meditatio (reflexión intelectual sobre los contenidos del texto, especialmente de aquellas palabras o frases que más parezcan interpelarnos); oratio (partiendo de los conocimientos y vivencias adquiridos en la meditación, el orante se dirige a Dios con palabras, abriendo su corazón, movilizando sus sentimientos, tratando de «inflamar» el corazón de amor a Dios); contemplatio (silencio de alma y mente, en el cual nos abandonamos pasivamente al amor de Dios, dejándonos absorber por Él)”.[18]

VI) FUENTES DE LA ORACIÓN.

Las principales fuentes de la oración son:

                               a) La palabra de Dios. (Leer la Biblia).

                               b) La liturgia de la Iglesia. (Asistir a celebraciones religiosas oficiales).

                               c) Las virtudes teologales. (Trabajar sobre el desarrollo de las virtudes de la Fe, la Esperanza y la Caridad). 

VII) DESTINATARIOS DE LA ORACIÓN.

Los principales destinatarios de la oración son: El Padre, Jesús y el Espíritu Santo.

A)     LA ORACIÓN DEL PADRE NUESTRO[19]:

"Padre Nuestro, que estás en los Cielos,
Santificado sea Tu Nombre,
Venga a nosotros Tu Reino,
Hágase Tu Voluntad,
así en la tierra como en el Cielo.
El pan nuestro de cada día dánoslo hoy,
y perdona nuestras ofensas,
así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden,
y no nos dejes caer en la tentación,
más líbranos del mal. Amén."

La oración del Padre Nuestro incluye siete peticiones, de las que debemos alcanzar plena conciencia para poder meditar sobre ellas, a saber:

·         Santificado sea Tu Nombre.

Al pedir: ”Santificado sea Tu Nombre” entramos en el plan de Dios, la santificación de Su Nombre –revelado a Moisés, después en Jesús- por nosotros y en nosotros, lo mismo que en  toda nación y en cada hombre. (CIC N° 2858).

·         Venga a nosotros Tu Reino.

En la segunda petición, la Iglesia tiene principalmente a la vista el retorno de Cristo y la venida final del Reino de Dios. También ora por el crecimiento del Reino de Dios en el “hoy” de nuestras vidas. (CIC N° 2859).

·         Hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo.

En  la tercera petición, rogamos al Padre que una nuestra voluntad a la de su Hijo para realizar su Plan de salvación en la vida del mundo. (CIC N° 2860).

·         Daños hoy nuestro pan de cada día.

En la cuarta petición, al decir “danos”, expresamos, en comunión con nuestros hermanos, nuestra confianza filial en nuestro Padre del Cielo. “Nuestro pan” designa el alimento terrenal necesario para la subsistencia de todos y significa también el Pan de vida: Palabra de Dios y Cuerpo de Cristo. Se recibe en el “hoy” de Dios, como el alimento indispensable, lo más esencial del Festín del Reino que anticipa la Eucaristía. (CIC N° 2861).

·         Perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden.

La quinta petición implora para nuestras ofensas la misericordia de Dios, la cual no puede penetrar en nuestro corazón si no hemos sabido perdonar a nuestros enemigos, a ejemplo y con la ayuda de Cristo. (CIC N° 2862).

·         No nos dejes caer en la tentación.

Al decir: “No nos dejes caer en la tentación” pedimos a Dios que no nos permita tomar el camino que conduce al pecado. Esta petición implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza; solicita la gracia de la vigilancia y la perseverancia final. (CIC N° 2863).

·         Y líbranos del mal. Amén

En la última petición, “y líbranos del mal”, el cristiano pide a Dios con la Iglesia que manifieste la victoria, ya conquistada por Cristo, sobre el “príncipe de este mundo”, sobre Satanás, el ángel que se opone personalmente a Dios y a su plan de salvación. (CIC N° 2864). Con el “Amén” final expresamos nuestro “fiat” respecto a las siete peticiones. “Así sea”, (CIC N° 2865).

B) UNA ORACIÓN A JESÚS:

Oración de San Agustín[20]

Señor Jesús, que me conozca a mí
y que te conozca a Ti,
Que no desee otra cosa sino a Ti.
Que me odie a mí y te ame a Ti.
Y que todo lo haga siempre por Ti.
Que me humille y que te exalte a Ti.
Que no piense nada más que en Ti.
Que me mortifique, para vivir en Ti.
Y que acepte todo como venido de Ti.
Que renuncie a lo mío y te siga sólo a Ti.
Que siempre escoja seguirte a Ti.
Que huya de mí y me refugie en Ti.
Y que merezca ser protegido por Ti.
Que me tema a mí y tema ofenderte a Ti.
Que sea contado entre los elegidos por Ti.
Que desconfíe de mí
y ponga toda mi confianza en Ti.
Y que obedezca a otros por amor a Ti.
Que a nada dé importancia sino tan sólo a Ti.
Que quiera ser pobre por amor a Ti.
Mírame, para que sólo te ame a Ti.
Llámame, para que sólo te busque a Ti.
Y concédeme la gracia
de gozar para siempre de Ti. Amén.

C) ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO:
                          
 Consagración al Espíritu Santo[21]

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, 
que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, 
en cada uno de los instantes de mi vida, 
en cada una de mis acciones,
 mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza, 
y todo el amor de mi corazón.

Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, 
y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, 
según el modelo de vuestro amado Jesús. 
Gloria al Padre Creador. 
Gloria al Hijo Redentor.
 Gloria al Espíritu Santo Santificador. 
Amén.

D) OTRA ORACIÓN AL PADRE:

Oración de Abandono, de Carlos de Foucauld[22]

Padre,me pongo en tus manos.
Haz de mí lo que quieras.
Sea lo que sea, te doy gracias.

Estoy dispuesto a todo;
lo acepto todo,
con tal de que tu voluntad
se cumpla en mí
y en todas tus criaturas.
     No deseo ninguna otra cosa, Padre.

Te ofrezco mi vida.
Te la doy con todo el amor
de que soy capaz.
Porque te amo
y necesito darme:
ponerme en tus manos,
sin medida,
con una infinita confianza.
Porque Tú eres mi Padre.

E) ORACIÓN A LA VIRGEN MARÍA.

Según las enseñanzas de la tradición católica, alcanzan una gran importancia las oraciones a la Virgen María, al punto que San Bernardo[23] (Hom. sobre la Virgen Madre, 2) ha legado la siguiente oración: 

Si se levantan los vientos de las tentaciones,
si tropiezas con los escollos de la tristeza,
mira a la estrella, llama a María.

Si te agitan las olas de la soberbia,
de la ambición o de la envidia,
mira a la estrella, invoca a María.

Si la ira, la avaricia o la impureza
impelen violentamente la nave de tu alma,
recurre a María.

Si turbado con la memoria de tus pecados,
confuso ante la fealdad de tu conciencia,
temeroso ante la idea del juicio,
comienzas a hundirte en la sima sin fondo de la tibieza
o en el abismo de la desesperación,
piensa en María.

En los peligros, en las angustias, en las dudas,
piensa en María, invoca a María.
No se aparte María de tu boca,
no se aparte de tu corazón;
y para conseguir su ayuda intercesora
no te apartes tú de los ejemplos de su virtud.

No te descaminarás si la sigues,
no desesperarás si le ruegas,
no te perderás si en ella piensas.

Si ella te tiene de su mano,
no caerás; si te protege,
nada tendrás que temer;
no te fatigarás sí es tu guía;
llegarás felizmente al puerto
de la Patria Celestial,
si Ella te ampara.

Ave María[24]

Dios te salve, María; llena eres de gracia;
el Señor es contigo;
bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

Salve[25], atribuida a Hermann Contractus o Petrus de Monsoro, Obispo de Compostela (siglos X-XI)

Dios te salve, Reina y Madre
de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados,
los hijos de Eva,
a Ti suspiramos
gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas,
ea pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos
y después de este destierro
muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre,
oh clementísima,
oh piadosa
oh dulce Virgen María.

Ruega por nosotros, santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas
de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén.

    VIII)   LA ORACIÓN EN LA TRADICIÓN PROTESTANTE.

       “En la tradición Protestante es Jesús quien entrega las enseñanzas sobre cómo se debe orar. Él dice: "Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les encanta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que ya han obtenido toda su recompensa. Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará. Y al orar, no hablen sólo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras. No sean como ellos, porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan." (Mateo 6:5-8) (Nueva Versión Internacional)”[26]

      “Es por esto que -para los Protestantes- la oración del Padre Nuestro es más bien un esquema temático y no una oración para recitar repetitivamente.”[27]

       “En la oración, todo se trata de creer. Jesús les dice a los cristianos: "Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre." (Mateo 7:7-8). Y luego continua diciendo: "Si ustedes creen, recibirán todo lo que pidan en oración." (Mateo 21:22) (Nueva Versión Internacional).”[28]

“El Protestantismo considera a Jesús como el único redentor e intercesor entre Dios y los hombres. "Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí" (Juan 14:6). Él mismo les dice a sus discípulos "Ciertamente les aseguro que mi Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre." (Juan 16:23). Y luego Juan les dice a los cristianos: "Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo. Él es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados, y no sólo por los nuestros sino por los de todo el mundo." (1 Juan 2:1-2) (Nueva Versión Internacional).”[29].  “Pues hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre. (1Timoteo 2:5) (Reina-Valera 1995)”[30]

“La oración se efectúa de manera libre, de acuerdo al sentimiento que posea cada persona en el momento, o de acuerdo al sentir del Espíritu Santo como mencionan pentecostales y evangélicos. Esto ocurre incluso durante reuniones masivas como la adoración dominical.”[31]  
                             
IX) EMPRENDER EL CAMINO CON MAESTRO O EN SOLEDAD.

“Si tienes la bendición de encontrar un maestro de oración aprende de él, será una gran suerte. Desgraciadamente en los tiempos que corren, esto es cada vez más difícil por no decir imposible. Esto no debe desanimarte, confía en la inspiración y en la ayuda del Espíritu Santo y haz el camino en soledad. Si no tienes ayuda en la tierra confía en la ayuda del Cielo. La ayuda para el espíritu llega a raudales a las pocas personas que, en este profanado mundo de hoy en día, optan por una orientación interior. Con el tiempo puede que encuentres a algunas pocas personas como tú. Os reconoceréis enseguida.”[32]

“Aunque estés en soledad, ponte en camino y ora en soledad. El mundo del espíritu ha estado desde siempre lleno de ermitaños y solitarios, y ahora, con el actual descalabro espiritual, sigue estándolo aunque permanezcan ocultos en las ciudades. Si lo puedes hacer en grupo o en familia hazlo así, pero sea cual sea la situación no dejes de meditar, orar y contemplar lo Sagrado.”[33]

X) EN MOMENTOS DE SEQUEDAD.
        
“Hay momentos de "sequedad" interior; cuando la "noche oscura", el desánimo y la aspereza invaden cada célula. En esos momentos lo mejor es poner orden en la vida exterior y mantener un "mínimo" de oración. Pueden bastar tres minutos a la mañana y tres a la noche. Eso no cuesta ningún esfuerzo a pesar de que estemos en plena "noche oscura". Aunque te parezca poco, eso es mejor que nada. En esos momentos tienes que ser humilde y reconocerte en tu humanidad. No puedes en ese estado ponerte metas muy altas; sé como un niño, Dios no te pide nada más allá de tus posibilidades actuales. Comprobarás como tan solo tres avemarías pueden obrar milagros...”[34]

XI) LAS POSTURAS EN LA ORACIÓN.

Las posturas en la oración son también evidencia de la tendencia natural humana a expresar sentimientos internos a través de signos externos. Ciertas posturas, como la estar de pie con las manos extendidas, según se acostumbraba en Roma, han sido consideradas apropiadas para la oración no sólo entre los judíos y cristianos, sino también entre pueblos no cristianos. El “orante “ (el prototipo de los cristianos en oración que aparecen en las pinturas murales de las catacumbas romanas) nos muestra las posturas preferidas por los primeros cristianos: de pie con las manos extendidas, como Cristo en la cruz, según explica Tertuliano, o con las manos elevadas al cielo y la cabeza inclinada, o, en el caso de los fieles, con la vista elevada al cielo y, en el caso de los catecúmenos, con los ojos fijos en la tierra. La postración, el arrodillarse, la genuflexión y otras posturas similares como golpearse el pecho, son signos externos de la reverencia propia de la oración, pública o privada.

La postura que se elija para orar, obviamente, debe estar en consonancia con la edad y la condición física del orante, de manera que no se convierta en un obstáculo para la finalidad que se persigue. (En general se recomienda que la posición no debe ser tan cómoda que nos incite al sueño ni tan incómoda que nos impida concentrarnos y prosperar en las distintas etapas de la oración)

XII) LA CONTEMPLACIÓN ES LA CULMINACIÓN DE LA ORACIÓN CRISTIANA.

A la oración de contemplación se la conoce también como silencio en presencia de Dios y constituye el estado más avanzado de la oración cristiana.
“Este es el punto donde culminan todos las formas de orar de las que hemos hablado con anterioridad. Es el momento en que se interrumpe la lectura, o se deja la reflexión sobre un acontecimiento, una idea o un pasaje del Evangelio. Se da cuando ya no hay deseos de seguir lo demás: se ha encontrado al Señor con toda sencillez, después de recorrer un camino. Hemos experimentado interiormente que Dios nos ama a nosotros y a los demás. Es guardar silencio en presencia de Dios con un sentimiento de admiración, de confusión, de gratitud, cuando nos sentimos invadidos por la grandeza de Dios y su amor hacia nosotros y nos ofrecemos a Él.”[35]

“La oración contemplativa es, en cierto modo, simplemente la preferencia por el desierto, el vacío, la pobreza. Cuando uno ha conocido el sentido de la contemplación, intuitiva y espontáneamente busca el sendero oscuro y desconocido de la aridez con preferencia a ningún otro. El contemplativo es el que más bien desconoce que conoce, más bien no goza que goza, y el que más bien no tiene pruebas de que Dios le ama. Acepta el amor de Dios en fe, en desafío a toda evidencia aparente. Ésta es una condición necesaria, y muy paradójica, para la experiencia mística de la realidad de la presencia de Dios y de su amor para con nosotros. Sólo cuando somos capaces de «dejar que salgan» todas las cosas de nuestro interior, todos los deseos de ver, saber, gustar y experimentar la presencia de Dios, entonces es cuando realmente nos hacemos capaces de experimentar la presencia con una convicción y una realidad abrumadoras, que revolucionan toda nuestra vida interior”.[36]

“La contemplación es esencialmente una escucha en el silencio, una expectación. Y también, en cierto sentido, debemos empezar a escuchar a Dios cuando hemos terminado de escuchar. ¿Cuál es la explicación de esta paradoja? Quizá que hay una clase de escucha más elevada, que no es una atención a la longitud de cierta onda, una receptividad para cierto mensaje, sino un vacío que espera realizar la plenitud del mensaje de Dios dentro de su aparente vacío. En otras palabras, el verdadero contemplativo no es el que prepara su mente para un mensaje particular, que él quiere o espera escuchar, sino el que permanece vacío porque sabe que nunca puede esperar o anticipar la palabra que transformará su oscuridad en Luz. Ni siquiera llega a anticipar una clase especial de transformación. No pide la Luz en vez de la oscuridad. Espera la Palabra de Dios en silencio, y cuando es "respondido", no es tanto por una palabra que brota del silencio. Es por su silencio mismo cuando de repente, inexplicablemente revelándose a él como la palabra de máximo poder, llena de la voz de Dios”[37].

“Pero no debemos aceptar una visión puramente quietista de la oración contemplativa. No es mera negación. Nadie se convierte en contemplativo sencillamente por «oscurecer» las realidades sensibles, y permanecer solo consigo mismo en la oscuridad. En primer lugar, uno que hace eso como un montaje, a propósito, como conclusión de un razonamiento práctico sobre el tema, y sin una vocación interior, sencillamente entra en una oscuridad artificial que se ha fabricado él mismo. No está solo con Dios, sino solo consigo mismo. No está en presencia del Único Trascendente, sino de un ídolo, el de su propia identidad complaciente. Se ve inmerso y perdido en sí mismo, en un estado de narcisismo inerte, primitivo e infantil. Su vida es <<nada>>, pero no en el sentido misterioso, dinámico, en el que la nada del místico es paradójicamente el todo de Dios. Es sencillamente la nada de un ser finito, abandonado a sí mismo en su propia trivialidad.”[38]

“Los místicos Rhenish del siglo catorce tuvieron que luchar contra muchas formas heréticas de contemplación y contra la pasividad de la voluntad propia, arbitraria, de los que abrazaban la forma quietista de oración de una manera sistemática, dedicándose a cultivar simplemente la inercia como si ella fuera, por si misma, suficiente para resolver los problemas.”[39]

“De ésos dice Tauler: <<Estas personas han entrado en un camino sin salida. Confían totalmente en su inteligencia natural y están totalmente orgullosos de ellos mismos al hacerlo. Nada saben de las profundidades y riquezas de la vida de Nuestro Señor Jesucristo. Ni siquiera han formado sus propias naturalezas por el ejercicio de la virtud y no han avanzado en los caminos del verdadero amor. Confían exclusivamente en la luz de su razón y en su falsa pasividad espiritual>>”.[40]

“El problema que entraña el racionalismo es que se engaña a sí mismo en su racionalización y manipulación de la realidad. <<Hace culto del permanecer sin moverse>>, como si eso en sí mismo tuviera un poder mágico para resolver todos los problemas y llevar al hombre al contacto con Dios. Pero de hecho es sencillamente una evasión. Es una falta de honradez y seriedad, una banalidad con la gracia y una huida de Dios. Esto es realmente el "quietismo puro". Pero, ¿podemos decir que algo semejante existe en nuestros días?”[41]

“El quietismo absoluto no es un peligro omnipresente en el mundo de nuestro tiempo. Para ser un quietista absoluto, uno tendría que hacer esfuerzos heroicos para permanecer sin hacer nada, y tales esfuerzos están más allá del poder de la mayoría de nosotros. Sin embargo, existe una tentación de una clase de pseudoquietismo que afecta a los que han leído libros sobre el misticismo sin entenderlos en absoluto. Y eso los lleva a una vida espiritual deliberadamente negativa, que no es más que una dejación de la oración, por ninguna otra razón que por la de imaginar que, dejando de ser activo, uno entra en la contemplación. Eso lleva en realidad a la persona a estar vacía, sin una vida espiritual interior, en la que las distracciones y los impulsos emocionales gradualmente los afirman a expensas de toda actividad madura, equilibrada, de la mente y el corazón. Persistir en esta situación de paréntesis puede llegar a ser muy perjudicial espiritual, moral y mentalmente.”[42]

“El que sigue los caminos ordinarios de la oración, sin prejuicio alguno y sin complicaciones, será capaz de disponerse mucho mejor para recibir su vocación a la oración contemplativa a su debido tiempo, dando por sabido que le llegará su momento.”[43]

“La verdadera contemplación no es un truco psicológico, sino una gracia teologal. Sólo nos viene en forma de un regalo, y no como resultado de nuestro empleo inteligente de técnicas espirituales. La lógica del quietismo es una lógica puramente humana, en la cual dos más dos son cuatro. Desgraciadamente, la lógica de la oración contemplativa es de un orden enteramente diferente. Está más allá del dominio estricto de causa y efecto, porque pertenece enteramente al amor, a la libertad, a los desposorios espirituales[44]. En la verdadera contemplación no hay "razón por la que" el vacío nos deba llevar necesariamente a ver a Dios cara a cara. Ese vacío nos puede llevar de la misma manera a encontrarnos cara a cara con el demonio, y de hecho a veces lo hace. Es parte del riesgo de este desierto espiritual. La única garantía contra el enfrentamiento con el demonio en la oscuridad, si es que podemos hablar realmente de algún tipo de garantía, es simplemente nuestra esperanza en Dios, nuestra confianza en su voz, en su misericordia.”[45]

“Ha quedado claro que el camino de la contemplación no es de ninguna manera una "técnica" deliberada de vaciarse uno mismo, para conseguir una experiencia esotérica. Es una respuesta paradójica a la llamada de Dios casi incomprensible, lanzándonos a la soledad, zambulléndonos en la oscuridad y el silencio, no para retirarnos y protegernos del peligro, sino para llevarnos a salvo a través de peligros desconocidos, por un milagro de su amor y de su poder.”[46]

“El camino de la contemplación no es, de hecho, camino alguno. Cristo es el único camino, y él es invisible. El "desierto" de la contemplación es sencillamente una metáfora para explicar el estado de vacío que experimentamos cuando hemos abandonado todos los caminos, nos hemos olvidado de nosotros mismos y hemos tomado a Cristo invisible como nuestro camino.”[47]

 “Se pueden sacar dos sencillas conclusiones de todo esto. Primero, que la contemplación es la culminación de la vida cristiana de oración, porque el Señor no desea nada de nosotros más que convertirse él mismo en nuestro "camino", en nuestra "verdadera vida". Esta es la única finalidad de su venida a la tierra para buscarnos, para poder elevarnos, juntamente con él, al Padre. Sólo en él y con él podemos alcanzar al Padre invisible, al que nadie podrá ver y seguir viviendo. Muriendo a nosotros mismos, y a todas las "maneras", "lógicas" y "métodos" propios, podemos ser contados entre aquellos a los que la misericordia del Padre ha llamado a sí en Cristo. Pero la otra conclusión es igualmente importante. Ninguna lógica propia puede conseguir esta transformación de nuestra vida interior. No podemos argumentar que el "vacío" es igual a la "presencia de Dios", y luego sentarnos tranquilamente para conseguir la presencia de Dios vaciando nuestras almas de toda imagen. No es cuestión de lógica ni de causa y efecto. Tampoco es cuestión de deseo, o de una empresa proyectada, o de nuestra propia técnica espiritual.”[48]

“Todo el misterio de la oración contemplativa simple es un misterio de amor divino, de vocación personal y de don gratuito. Esto, y sólo esto, consigue el verdadero «vacío», en el que ya nada queda de nosotros mismos.”[49]

“Un vacío deliberadamente cultivado, para llenar una ambición espiritual no responde en absoluto al concepto de vacío espiritual. Es la plenitud de uno mismo. Tan lleno que la Luz de Dios no tiene sitio alguno por donde poder penetrar. No hay grieta ni rincón abandonado donde algo pueda encajarse en ese duro corazón, fruto de la autoabsorción, que es nuestra opción de vivir centrados en nuestro propio ser.”[50]

“No fuerces el silencio; llegará de forma natural cuando el alma quede impregnada del Espíritu en una unidad. Entonces, de manera natural, cesará la repetición de la plegaria y te mantendrás en la simple presencia silenciosa. No quieras, por orgullo, llegar a lo más alto y permanece tranquilamente ahí donde Dios te ha puesto y donde puedas sentir su presencia.”[51]

“En estos tiempos es una pena que muchas personas con gran capacidad y vocación de interioridad, por querer llegar directamente al último peldaño de la unión mística.... ni siquiera alcancen el primero de paz interior.”[52]

 “El silencio forzado será un silencio "vacuo", desprovisto de gracia, y que no tiene ningún sentido espiritual. Con frecuencia, incluso, se convierte en algo angustioso. Eso en vez de acercarte al Cielo, te deja a las puertas del Infierno. El silencio en sí mismo no es el objetivo, sino la presencia de Dios. La presencia de Dios viene acompañada de silencio, pero el silencio no siempre es acompañado por la presencia de Dios.”[53]

“La palabra caerá como una fruta madura cuando aparezca lo que ella invoca. Entonces reposa y descansa en ese Santo Silencio, en esa Santa Presencia. Cuando veas que ese perfume desaparece, cuando veas que vuelve la inquietud o la sequedad, entonces vuelve a la palabra hasta que el fuego se avive de nuevo. Una y mil veces.”[54]

“Por otra parte no debes forzar la oración verbal, la palabra, cuando veas que el silencio te ha tomado o esté llamando a tu puerta. En esos momentos, incluso la palabra que te elevaba puede convertirse en un estorbo y hacerte descender de esa «ligereza plena». No tengas miedo al silencio. La simple presencia, o el simple aliento son oración cuando están impregnados de Gracia.”[55]

“En la vida contemplativa, ni el deseo ni el rechazo del deseo es lo que cuenta, sino sólo aquel "deseo" que es una forma de "vacío", que asiente con lo desconocido y avanza tranquilamente por donde no ve camino alguno. La verdadera vaciedad es la que trasciende todas las cosas, y aún es inmanente a todas ellas. Porque lo que parece vaciedad en este caso es puro ser. O al menos un filósofo podría describirla así. Pero para el contemplativo es otra cosa. No es ni ésta ni aquélla. Todo lo que digáis de ella es diferente a lo que se decía. Lo propio de la vaciedad, al menos para un cristiano contemplativo, es puro amor, pura libertad. Amor que está libre de todo, no determinado por nada, o visto en alguna clase de relación. Es un compartir, a través del Espíritu Santo, en la infinita caridad de Dios. Y así, cuando Jesús dijo a sus discípulos que amaran, se refería a una forma de amar tan universal como la del Padre, que envía su lluvia lo mismo sobre justos que sobre pecadores. "Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto." Esta pureza, libertad e indeterminación del amor es la auténtica esencia del cristianismo. A esto aspira sobre todo la vida monástica”[56] y la vida del cristiano contemplativo cualquiera sea el lugar donde transcurra.

XIII) LA VÍA MÍSTICA CRISTIANA.

A) MÍSTICA CRISTIANA, CONCEPTO:

                                    “Parte de la teología que trata de la vida espiritual y contemplativa y del conocimiento y dirección de los espíritus.”[57]

                                      “Parte de la teología que trata de la unión del hombre con la divinidad, de los grados de esta unión y de la vida contemplativa y espiritual en Dios.”[58]    

“Los místicos con frecuencia exponen su punto de vista sobre la metodología del itinerario hacia Dios, especialmente del camino interior de la oración, sistematizándola en clases, analizando sus distintas fases, explicando distintas técnicas...; presentándose coincidencias también bastante notables a este respecto”[59].

De la conjunción de las definiciones precedentes se puede concluir que la mística cristiana es: La parte de la teología que trata la vida espiritual y contemplativa en función del Creador, la unión del hombre con Dios en sus distintos grados o etapas y el conocimiento y la dirección de los espíritus.
       
La divergencia fundamental entre la mística cristiana y otras tradiciones radica en el método: “…Mientras que la mística oriental se basa en la meditación, entendida como una actividad espiritual que busca el silenciamiento mental a través de un método preciso, de una disciplina sistematizada (sádhana en la terminología hindú), la occidental se focaliza en la oración, que usa la apoyatura de las palabras, al menos en sus primeras etapas.”[60]

B)  ETAPAS DE LA VÍA MÍSTICA.

“En lo que respecta al «camino interior», la «vía mística» se subdivide en tres etapas, básicamente coincidentes en todas las tradiciones, a pesar de la distinta terminología empleada para nombrarlas. Son las tres fases «clásicas» de la mística cristiana: vía purgativa, vía iluminativa, vía unitiva.”[61]

Esos tres estadios son también referidos como las <<Edades de la Vida Espiritual>> bajo los nombres de <<incipientes>>, <<proficientes>> y <<perfectos>>.

Estas últimas denominaciones eran preferidas por Dionisio y las anteriores por Santo Tomás, quien conservó la terminología utilizada por los padres de la Iglesia.

El pensamiento de los padres sobre las edades que caracterizan la vida espiritual queda de alguna manera condensado y conciliado en la obra de Vallgornera (1662), de acuerdo con la división que ha hecho en la misma:

“1º De la vía purgativa, propia de los incipientes; en ella se trata de la purgación[62] activa de los sentidos externos e internos, de las pasiones, de la inteligencia y de la voluntad, por la mortificación, la meditación, la oración; y al fin, de la purificación pasiva de los sentidos, donde comienza la contemplación infusa y por la que el alma es elevada a la vía iluminativa, como lo dice San Juan de la Cruz (Noche oscura, 1. I, e. VIII y XIV).”[63]

“2º De la vía iluminativa, propia de los proficientes; donde, después de un capítulo preliminar acerca de las divisiones de la contemplación, se trata de los dones del Espíritu Santo y de la contemplación infusa, que procede sobre todo de los dones de inteligencia y sabiduría, y que es dicha deseable para todas las almas interiores, como moralmente necesaria para la total perfección de la vida cristiana. Esta segunda parte de la obra, después de algunos artículos referentes a las gracias extraordinarias (visiones, revelaciones, hablas interiores), se termina con un capítulo en nueve artículos relativos a la purificación pasiva del espíritu, que señala el paso a la vía unitiva. Que es lo que había dicho ya San Juan de la Cruz (Noche oscura, 1. II, c. Ir y III).”[64]

“3º De la vía unitiva, propia de los perfectos; o de la íntima unión del alma contemplativa con Dios, y de sus grados hasta la unión transformante.”[65]

“A veces se ha objetado: Esta elevada concepción de San Juan de la Cruz sobrepasa notablemente a la común de los autores de espiritualidad: y parece que los principiantes a que se refiere en la Noche oscura, 1. I, c. VIII, no son aquéllos de quienes se habla ordinariamente, sino los que comienzan a entrar, no en la vida espiritual, sino en la vida mística.”[66] 

“A esto se responde que la concepción de San Juan de la Cruz corresponde admirablemente a la naturaleza del alma (sensitiva y espiritual), no menos que a la de la gracia; y que los principiantes a que el santo se refiere son los mismos de los demás autores. Para convencerse de esto, basta examinar los defectos que en tales encuentra: Gula espiritual, inclinación a la sensualidad, a la ira, a la envidia, a la pereza espiritual y a la soberbia que les lleva a "tomar confesor especial para los malos casos, guardando el otro para manifestarle exclusivamente el bien, y así tenga en mucho a su penitente" (Noche oscura, 1. I, c. II). Son los tales verdaderos principiantes, y en ninguna forma adelantados en ascética.”[67]

“San Juan de la Cruz, al hablar de las tres vías, purgativa, iluminativa y unitiva, las toma, no en un sentido rebajado, sino en su absoluta normalidad y plenitud.”[68]

“Al respecto es importante destacar que "No es posible, en forma alguna, distinguir en la espiritualidad de San Juan de la Cruz dos vías paralelas una ascética[69] y mística la otra, que conduzcan, cada una por sus propios medios, a la perfección. La activa y la pasiva, de que hablan los dos grandes tratados (Subida y Noche oscura), no representan dos estados distintos, sino sólo dos aspectos de la sola y única vía de la santidad... Tal es la unión transformante que San Juan de la Cruz la considera como el término normal de la marcha hacia la perfección. Para esto, enseña en la Subida del Monte Carmelo lo que el alma debe hacer, y en la Noche oscura lo que dócilmente debe recibir. Idéntica observación han hecho recientemente muchos teólogos del Carmen.”[70]

 “Vallgornera, como Felipe de la SS. Trinidad, Juan Marea Di Lauro y otros muchos autores clásicos, en su Theología Mystica, aparecida en Nápoles en 1743, considera a esa división como tradicional, verdaderamente conforme a los Padres, a los principios de Santo Tomás y a las enseñanzas de San Juan de la Cruz y de los más grandes místicos que han escrito sobre las tres etapas de la vida espiritual”.[71]

“Está asimismo totalmente de acuerdo con estos dos capitales textos del Doctor del Carmelo: "La sensitiva (purgación) es común y acaece a muchos, y éstos son los principiantes" (Noche oscura, 1. I, c. viii). "...Salió el alma a comenzar el camino y vía del espíritu, que es el de los aprovechantes y aprovechados, que, por otro nombre, llaman vía iluminativa o de contemplación infusa, con que Dios de suyo anda apacentando y reficionando el alma, sin discurso ni ayuda activa de la misma" (Id., c. xiv). Según esta doctrina, la contemplación infusa de los misterios de la fe está manifiestamente en el camino normal de la santidad; lo cual nada tiene de sorprendente, ya que procede de la fe esclarecida por los dones de inteligencia y de sabiduría, que moran en las almas de todos los justos.”[72]

Como resumen de lo dicho el propio R. Garrigou-Lagrange realiza una descripción sintética, que guarda similitud con las posiciones de los pensadores previamente citados, que a modo ilustrativo se incorpora a continuación:

“EN LOS INCIPIENTES O PRINCIPIANTES: aparecen, con el primer grado de caridad, las virtudes iniciales o el primer grado de mansedumbre, paciencia, castidad y humildad. La mortificación interior y exterior les hace evitar cada vez más los pecados veniales deliberados, y hace que salgan inmediatamente del pecado mortal, si en él hubieren caído. Existe en ellos la oración vocal y la meditación discursiva, que tiende a convertirse en oración afectiva simplificada. Comienzan a aparecer en ellos los dones del divino Espíritu, pero todavía permanecen más bien latentes. Hay de tiempo en tiempo inspiraciones especiales del Espíritu Santo, pero poca preparación para aprovecharse de ellas. La docilidad a ese Divino Espíritu es débil; el alma tiene sobre todo conciencia de su actividad y debe reconocer frecuentemente su pobreza.”

“Ve bien palpable el alma esa pobreza en las crisis de sensible aridez de la purgación pasiva de los sentidos, purgación dolorosa que sobrelleva con más o menos perfección, y señala la transición a la vía iluminativa plena y verdaderamente digna de tal nombre .“

“EN LOS PROFICIENTES O AVANZADOS: junto con el segundo grado de caridad, hacen su aparición las virtudes sólidas y no ya las iniciales, particularmente la dulzura y la paciencia, una humildad más fundada que inclina a la benevolencia con el prójimo, y el espíritu de los tres consejos de pobreza, castidad y filial obediencia a Dios que ven presente en los superiores a los que la obediencia les somete”.

“Con estas sólidas virtudes, comienzan a manifestarse los dones del Espíritu Santo, principalmente los menos perfectos de temor, ciencia y piedad. El alma, más dócil ya, aprovecha mejor las inspiraciones e ilustraciones interiores”.

“En este punto, si el proficiente responde con generosidad, comienza de ordinario la oración infusa, en actos aislados de contemplación de esa misma naturaleza durante la oración adquirida de recogimiento; más tarde, y poco a poco, sigue, si el alma es fiel, la oración de recogimiento sobrenatural, de quietud (árida o consoladora), en la que se pone de manifiesto la influencia del don de piedad, que nos hace exclamar: "Abba, Pater", como dice San Pablo. Y la conversación íntima con nosotros mismos se convierte aquí en conversación con Dios”.

“Entonces el alma generosa se contempla llena de defectos de disimulada soberbia, de falta de caridad para con el prójimo, de dureza a veces, de falta de celo por la salud de tantas almas que se pierden; defectos que antes no veía, y que exigen una nueva purificación pasiva, que es la del espíritu.”

“EN LOS PERFECTOS: simultáneamente con el tercer grado de caridad, aparecen, a pesar de ciertas imperfecciones más bien involuntarias, las virtudes eminentes y aun heroicas; gran mansedumbre, paciencia casi inalterable, profunda humildad que no afectan los desprecios, y antes busca las humillaciones; un elevado espíritu de fe que le inclina a ver todas las cosas desde arriba; gran confianza en Dios; magnanimidad que les hace aspirar a grandes empresas, no obstante los obstáculos y los fracasos, y el perfecto abandono en la voluntad de Dios.

“Los dones de inteligencia y de sabiduría se muestran más y con mayor frecuencia. Está el alma como dominada por el Espíritu Santo, que la mueve a mayor perfección en la práctica de las virtudes.”

“Aparece entonces, de ordinario, la oración infusa de unión por la influencia cada vez más patente del don de sabiduría. El interior del alma es, en fin, purificado, y las facultades inferiores y superiores sometidas por completo a la voluntad de Dios, íntimamente presente en el santuario interior. Y este estado es, verdaderamente, a pesar de las penumbras de la fe, la vida eterna comenzada o el preludio normal de la beatitud que nunca ha de tener fin.”

C) CLASES DE CONTEMPLACIÓN MÍSTICA O INFUSA.

 La contemplación mística, o también llamada infusa, se divide en dos clases denominadas: distinta e indistinta.

·         LA CONTEMPLACIÓN MÍSTICA O INFUSA DISTINTA:

 “Consiste en rayos de luz sobrenatural, que en una sola mirada sencillísima, hace ver claras y concretas las cosas espirituales y divinas, ilustrando, en la misma mirada, el conjunto y los pormenores ofrecidos a la mente. Gran claridad y hondamente grabada, dejan estas luces sobre los misterios divinos, sobre Jesucristo en cuanto hombre, sobre su presencia real y el modo de ella en la Eucaristía, sobre la unión hipostática, sobre la nada propia, sobre la creación, el infierno... Vastísimo es el campo de estas luces, que abarcan cuanto puede ser materia de meditación y consideración espiritual. No siempre alumbran un punto solo; sino que a veces hacen ver muchos de un golpe, como quien mirando desde arriba una pila de diapositivas, las viera a la vez todas y cada una, con entera claridad y distinción. Mucha variedad hay, acerca de estos rayos de contemplación distinta en las almas: En ocasiones los reciben personas que en lo demás no salen de la oración ordinaria; en las de contemplación indistinta, las hay que apenas gozan de estos rayos, sobre todo antes del período de éxtasis[73]; los tienen otras con abundancia desde la unión plena en adelante y más frecuentes según va subiendo la contemplación indistinta. Vienen independientes unas de otras estas ilustraciones distintas; -- aunque se multipliquen, nunca tienen forma de gracia establemente otorgada -- ni de sucesión en cadena -- ni orden determinado en su modo de presentarse en el alma ni en los objetos que van alumbrando. Alerta ha de estar el director con estos rayos de contemplación distinta; porque fácilmente pueden caer luego en errores las almas. No, ciertamente por la Luz misma; sino por las interpretaciones que después hace de ellas el que las recibió. Por eso ha de procurar explicar el significado de esas Luces; ver si va todo exacto; corregir, recién recibida la Luz, las inexactitudes, equivocaciones y errores de interpretación en que hubiere tal vez incurrido, de buena fe, el alma. No son estos rayos de contemplación distinta, ni la unión mística, ni medio inmediato para ella, ni exigen el estado de gracia para quien los recibe, aunque sí, pertenecen al cortejo de la contemplación infusa indistinta. Basten estas indicaciones sobre la contemplación mística distinta. En lo restante, nos referiremos ya únicamente a la contemplación indistinta, que es la que, en todo rigor, se entiende cuando se habla de contemplación mística o contemplación infusa sin otro calificativo.”[74]

·         LA CONTEMPLACIÓN MÍSTICA O INFUSA INDISTINTA.

“La mística es experiencia del misterio. No conocimiento por medio de ideas y de palabras, ni por medio del pensamiento y de la reflexión, sino a través de la unión amorosa. A veces pensamos que la contemplación mística es un modo de vida reservado a unos pocos agraciados con fenómenos extraordinarios. Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz nos repiten que todos estamos llamados a la contemplación, a la vida mística. En esto coinciden con los Padres de la Iglesia, para los que contemplar es el modo más auténtico de ver la realidad, no quedándonos en las apariencias, sino buscando el sentido último de las cosas en Dios. <<Contemplando volvemos al estado del hombre inocente antes del pecado y degustamos las primicias de la felicidad futura>>.”[75]

“Lejos de ser un aniquilamiento del ser, como ocurre en otras tradiciones, la contemplación mística cristiana busca vaciar de sí misma a la persona para alcanzar un mayor amor de Dios. Podemos decir con Furioli que el hombre de oración se ha venido preparando a través de un largo camino. Mediante la mortificación controla los instintos desordenados de las pasiones, las inclinaciones de la sensibilidad, con la lectura, la meditación y la oración rectifica su camino en la voluntad de Dios, sus deseos y sus aspiraciones se van haciendo cada vez más perfectas para buscar sólo a Dios. Este es un movimiento que muchos lo han identificado como un momento en que el alma quiere desasirse de todo lo creado para buscar sólo a Dios. <<Buscar a Dios consiste en el tender con todas las fuerzas para tener a Dios, la vida de Dios en nosotros y a dar siempre un mayor impulso, un mayor desarrollo a esta vida>>.”[76]

“Son muchos los que han seguido las huellas de Dionisio. Entre ellos brillan con luz propia los místicos del Carmelo, por la abundancia y calidad de sus obras escritas. Ellos también repiten que la experiencia es una forma de conocimiento misterioso de Dios, aunque «no es un conocimiento sensible, ni deductivo, que aumenta el caudal de conocimientos conceptuales sobre Dios, sino una toma de conciencia de Dios mismo presente en su ser y comunicándose amorosamente a él. Es otro tipo de saber, que no es el de la ciencia, sino el de la sabiduría que comunica la experiencia contemplativa». Por otra parte, subrayan especialmente el puesto del amor en el camino de la unión mística, describiendo detenidamente el proceso de transformación que sufre el individuo.”[77]

“De este conocimiento que no es fruto del estudio ni de la reflexión, sino don de Dios en el Espíritu, ya escribió ampliamente San Pablo, al hablar de su propia predicación: «Para que vuestra fe no se fundara en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios (...) Hablamos de una sabiduría divina, misteriosa, escondida, que Dios destinó para nuestra gloria antes de los siglos y que ninguno de los poderes de este mundo ha conocido (...) Lo que el ojo no vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede llegar a imaginar, nos lo ha revelado Dios por medio de su Espíritu (...) El hombre mundano no capta las cosas del Espíritu de Dios. Carecen de sentido para él y no puede entenderlas, porque sólo a la luz del Espíritu pueden ser discernidas...» (1Cor 2, 1-16).”[78]

“El conocimiento adquirido mediante la experiencia mística, es “infundido por Dios sin mediación de nuestras capacidades, en el nivel más profundo de nuestro ser: «Esta noche oscura es una influencia de Dios en el alma... que llaman los contemplativos contemplación infusa o teología mística, en que en secreto enseña Dios al alma y la instruye en perfección de amor, sin ella hacer nada ni entender cómo» (2N 5,1). En esta «noche dichosa» en que se produce la unión de amor, la Revelación y la Teología se transforman en Contemplación, en «sabiduría de Dios amorosa». Este tercer tipo de conocimiento[79] ilumina y completa los dos anteriores y se corresponde a la palabra de Jesús: «Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8). No se corresponde con un nuevo «conocimiento» racional, sino con una manera distinta de «conocer», en sintonía con la Biblia, para la que el verdadero conocimiento es el encuentro, la experiencia, la comunión.”[80]

“Es un conocer a Dios en fe y en caridad de modo sencillísimo, oscuro y experimental, con conocimiento y amor infusos sobre las fuerzas sicológicas naturales y sobre las de la gracia común. Por ser conocimiento sencillísimo, sin discurrir ni razonar ni considerar nuestro, es contemplación; por ser en fe, no es contemplación filosófica ni estética; por ser oscuro y experimento no es contemplación meramente teológica, ni mística distinta por ser en caridad, nacida de caridad y ordenada intrínsecamente a la caridad. Es oración merecedora de vida eterna; no puede tener esta contemplación el alma que esté en pecado, por ser infuso el conocimiento y el amor fuera de las fuerzas sicológicas naturales y las de la gracia común, es mística y no ascética, infusa y no adquirida, pasiva y no activa, extraordinaria y no ordinaria.”[81]

XIV) LA ORACIÓN CONTINUA.     

“La oración continua ha sido una aspiración de los cristianos desde los primeros tiempos [1 Ts. 5, 17.] Y nuestras constituciones (monjes trapenses) la ponen como uno de los medios de la formación...”[82]  

“Entonces es importante entender cada vez con mayor profundidad qué es y qué implica.  Para ir profundizando en nuestro entendimiento empecemos diciendo que no se trata de la repetición constante de oraciones o jaculatorias, aunque éstas puedan utilizarse con provecho; ella está relacionada más bien a vivir en la presencia de Dios que nos va transformando en la imagen de su Hijo.”[83] 

“Digámoslo en forma muy simple: la oración continua es saberse presente a Dios, saber que Dios nos ama y nos llama, y llevar eso siempre en el corazón. La oración continua se siente en el cuerpo, en el corazón, y nos damos cuenta que es iniciativa de Dios a la cual nosotros nos abrimos.”[84]

“Pienso que la oración continua puede plantearse en un comienzo como un deseo. Deseamos orar en todo momento como dice San Pablo, y el deseo es ya de por sí una forma de oración, es una tendencia hacia Dios, implica haberlo percibido de alguna manera y haber sido fascinados por lo que hemos visto y oído [Cf. 1 Jn. 1, 3.], lo que hemos sentido en nosotros mismos.”[85]

“La oración continua, como su nombre lo indica, no es simplemente un momento del día, una actividad delimitada; en esto se diferencia de la oración litúrgica, de la oración personal meditativa y de la Lectio. Es más bien  una manera de ser que involucra la totalidad de nuestra relación con Dios en el tiempo. Podríamos decir que llevamos la oración como una marca sobre nosotros, como San Francisco, San Pío de Pietrelcina y otros llevaban las llagas de Cristo; por eso sugerí que la oración continua se siente en el cuerpo, en el corazón, quizás no como una llaga pero sí como una verdadera marca.”[86]

“La oración continua vibra con toda nuestra actividad y existencia, late en nosotros como late nuestro corazón y con él; es como el aire que entra en nosotros constantemente, se integra con la actividad de cada célula de nuestro cuerpo.  Esto implica nuestros afectos de forma radical, que integrados en nuestro cuerpo son la vida misma del celibato.  Formar a la oración continua es también formar al celibato[87].” [88]

“¿Cómo formamos a la oración continua? En primer lugar fomentando conciencia de su importancia; en segundo lugar fomentando la perseverancia en todo tipo de oración: litúrgica, personal y Lectio; tercero, llamando la atención sobre la guarda del corazón, el recuerdo [Cst. 20.] de Dios y lo que otra constitución llama la “intención del corazón” [ C. 22.], que es no tanto una <atención> –como han traducido- sino una <tensión hacia>.”[89]

“La dirección espiritual nos va a ayudar también a detectar el movimiento profundo del Espíritu Santo en nosotros, que clama a Dios [Cf. Rm.  8, 15. 26.], pero que puede también ser el susurro de una suave brisa [Cf. 1 R. 19, 12.].”[90]

“La participación en los sacramentos, particularmente en la Eucaristía, es fundamental en este desarrollo. Los sacramentos son vehículos de la gracia que nos santifica, son acción del Espíritu en nosotros.  La Eucaristía, desde luego, es la comunión misma con la persona del Señor Jesús, realidad de Él en nosotros que permanece si se lo permitimos.”[91] 

“Todo este proceso implica una creciente humildad porque nos vamos dando cuenta de que la oración continua no depende principalmente de nosotros, sino que es el Espíritu que ora en nosotros [Gál. 4, 6.n Rm. 8, 26-27.], y que a nosotros nos toca dejarlo hacer; María la Madre de Jesús, es modelo perfecto de esta realidad.”[92]

“¿Cómo nos forma la oración continua? Como ya dijimos: nos cambia, quizás desde un comienzo pequeño, frágil, fraguado en el deseo, pero efectivo; pequeña semilla [Mt. 13, 31-32.], o fermento [Mt. 13, 33.], que nos va transformando. Crece día y noche sin que sepamos cómo [Mc. 4, 26-28.] –si es que perseveramos en el deseo y la entrega-.  Los frutos de la oración continua son los del Espíritu que S. Pablo señala: el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí… [Gál. 5, 22-23.] O la caridad: La caridad es paciente, es amable; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta [1 Cor. 13, 4-7.]. A todo esto nos lleva la oración continua y es expresión de ella.”[93]

“Visto de otra manera, la oración continua es un fuego devorador [Cf. Hb. 12, 29.]; una llama que nos hace arder sin consumirnos [Cf. Ex. 2, 2.]. Es un fuego de amor al que hace eco el Cantar de los Cantares cuando dice: Ponme como sello en tu corazón, como un sello en tu brazo. Que es fuerte el amor como la muerte, implacable la pasión como el Sheol.  Saetas de fuego, sus saetas, una llamarada de Yahvé. No pueden los torrentes apagar el amor, ni los ríos anegarlo [Ct. 8, 6.]. Fíjense que aquí este fuego es como un sello que se lleva siempre, expresión del deseo y amor constantes.”[94]

“Abrámonos entonces a esta realidad tan fundamental que está en la fuente misma de la formación, como inicio, como camino  y como meta, y que vivido en profundidad nos asegura que la formación va a ser más que una adaptación social y sicológica a un estilo de vida o a una comunidad humana. La formación es una transformación que va a las raíces mismas de lo que el ser humano es y de su relación con Dios para conformarnos a Cristo, amor fiel.”[95]

 XV) EPÍLOGO.

Aprovechar las enseñanzas y las vivencias de los grandes místicos que ha dado el cristianismo será, sin dudas, de suma utilidad para quienes se adentren en los misterios de la espiritualidad  y la contemplación cristiana, llegando a comprender por su intermedio que la oración es un medio fundamental en la búsqueda de la unión del alma humana con Dios.

No obstante, cada camino de ascensión en la relación con Dios es personal, único e irrepetible, por lo que cada profeso se debe hacer cargo de hallar la mejor forma de transitarlo, para lo cual deberá encontrar <<su>> equilibrio entre los conocimientos teóricos que incorpore y las prácticas oratorias que realice.

Vale decir, que cada profeso es el responsable de velar por su buena marcha hacia la unión con Dios, independientemente que haya iniciado el viaje con la colaboración de un experto o en soledad.

Sin perjuicio de lo expuesto debe quedar claro que quienes puedan acceder a un director espiritual digno de confianza no lo deben desaprovechar.

Los que no tengan esa posibilidad podrán evaluar una alternativa intermedia, como es la de asesorarse con un consejero espiritual, cuyos conocimientos específicos pueden ser de mucha ayuda.

Y para los que se vean obligados a emprender el viaje en soledad les será útil saber que estar en gracia con Dios y permitir que obre el Espíritu Santo en el interior del hombre son los componentes imprescindibles para llegar a buen puerto en la ardua tarea de unir en esta vida el alma al Señor.

El avance en el desarrollo espiritual lleva a comprender que el ser humano sólo habrá de encontrar la <<Verdadera Luz>> en su unión con Dios, y que ésta sólo será posible por la gracia del Padre y la obra del Espíritu Santo. Esto es muy lejos de los desvaríos de quienes ofrecen espejismos pergeñados en el más puro racionalismo, en el que la mente humana es presentada como la generadora de la “gran luz” que lleva al ser humano a su propia “verdad”.

Es imprescindible que quienes deseen profesar la religión cristiana comprendan desde un principio que la ascética es el proceso que tiene como objetivo alcanzar la perfección moral, mientras que la mística persigue la unión del alma con Dios durante la experiencia terrenal, de modo que su tratamiento debe ser abordado simultáneamente durante el difícil camino de la búsqueda de la santidad en medio del siglo. O, dicho en otras palabras, los componentes ascéticos y místicos de la vida cristiana son dos componentes de una única vía de santidad y, por ende, no se deben disociar ni posponer uno en detrimento del otro.

Un mínimo de sentido común pone en evidencia que será imposible avanzar en la mística cristiana de espaldas a una conducta ascética e igualmente que no será posible vivir una moralidad verdaderamente cristiana sin comprometer la acción del espíritu divino que habita en cada ser humano; y que se moviliza especialmente al advertir la actividad que despliega un alma que pretende unirse con Dios.

Pues, entonces, jamás se debe dejar de lado que la ascética y la mística cristiana, además de ser en sí mismas instrumentos principales en materia de formación moral y religiosa, están fuertemente influidas por connotaciones metafísicas, en los casos en que se retroalimentan unidas por el componente Divino que mora en el alma humana y generan una sinergia sobrenatural que lleva al hombre a límites incomprensibles para su razonamiento.

Por lo que el crecimiento moral y espiritual se debe procurar de modo simultáneo, evitando demorar el avance en un ámbito a la espera de alcanzar ciertos resultados en el otro.

Queda  así en descubierto el inmenso error que significa posponer la búsqueda de la unión con Dios a la consecución de determinados desarrollos morales, a la profundización de nuestro autoconocimiento o a la incorporación de cualquier otro tipo de saberes.

Y aunque resulte obvio, para no dejar margen de duda, se habrá de resaltar que el ser humano no lleva impreso una fecha de vencimiento, tal como si fuera un producto medicinal o alimenticio, de modo que nadie sabe cuánto tiempo le queda en esta tierra para cumplir el principal objetivo espiritual de un profeso cristiano: <<Salvar su alma inmortal>>.

De lo dicho previamente se colige que el aquí y ahora es el momento para que quienes pretendan llegar a profesar la religión cristiana hagan de la oración espiritual una parte importante de su vida y pongan todo de sí para amar la voluntad de Dios, corresponder a su gracia y unir sus almas con el Creador.

Asimismo, para que quienes profesen la religión cristiana mediten sobre la forma en que lo están haciendo y, si fuera el caso, realicen los cambios necesarios para alcanzar la unión mística en este mundo.

Por último, no está de más advertir que es un signo de elemental prudencia precaverse de quienes se presentan como cristianos y viven alejados de la oración y la mortificación y, más aún, de los que rehuyen combatir en defensa de la Santa Religión Cristiana.

Tal vez, en el entorno de hipocrecía existente, los más peligrosos sean aquellos que bajo una simulación de cristiandad fomentan la desunión de los cristianos mediante el método de difamar a alguna o algunas de las tradiciones o carismas que estos integran, haciendo así que unos hermanos se enfrenten con otros y que resulte imposible que reine la fraternidad entre ellos.

                                                                 
                                                           Alejandro Oscar De Salvo
Buenos Aires, febrero de 2013.

estafetavirtual@yahoo.com.ar



NOTA: Se recomienda la lectura de la bibliografía referenciada en este trabajo.



[1] Imagen extraída de internet. Si alguien creyere tener derechos sobre la misma sírvase comunicarlo y será retirada inmediatamente, si así correspondiera.
[2] Imagen extraída de la red.  Si alguien creyere tener derechos sobre la misma sírvase comunicarlo y será retirada inmediatamente, si así correspondiera.
[3] Pequeño tratado de oración contemplativa para buscadores solitarios de Dios. (Autor anónimo).
 http://www.abandono.com/Oracion_contemplativa/Tratado.htm
[4] Ibídem.
[5] Ibídem.
[6] Encuentra.com Portal Católico
[7] Encuentra.com Portal Católico
[8] Ibídem
[9] Ibídem
[10] Ibídem.
[11] Enciclopedia Católica
   http://ec.aciprensa.com/o/oracion.htm#X
[12] Ibídem.
[13] Liturgia, concepto: Del latín liturgĭa, que a su vez proviene de un vocablo griego que significa “servicio público”, la liturgia es el orden y forma con que se realizan las ceremonias de culto en una religión. El término también puede utilizarse para hacer referencia al ritual de las ceremonias o actos solemnes que no son religiosos.
[14] Algunos recordarán que Jesucristo nos dijo "…cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. " Mt 6,6 Esta es una oración privada, personal en la que solamente estamos a solas con Dios. Esta oración es fundamental, verdaderamente el pilar de la vida interior. Con ella nos acercamos a Dios y nos dirigimos a Él que es persona. Dios, nuestro Padre en el cielo está siempre presente y lo puede todo (es omnipotente y omnipresente), y cuando Jesús nos indica que vayamos a nuestro aposento y cerremos la puerta para orar privadamente, es porque Dios quiere vernos a solas, como un Padre se sienta a hablar cariñosamente con su hijo sobre las cosas más privadas, más trascendentes y más importantes. Jesús comprende nuestra necesidad de consuelo, de ayuda, y nos invita a que en la intimidad nos dirijamos con toda la confianza del mundo a nuestro Padre para pedirle cuanto nos haga falta.
[15] Laureano Benítez, Orar con las Oraciones de los Santos. http://www.laureanobenitez.com/metodo_de_oracion.htm
[16] Ibídem
[17] Ibídem
[18] Ibídem
[19] Versión actualmente utilizada por la Iglesia Católica.
[20] http://www.devocionario.com/jesucristo/oraciones_1.html
[21] http://www.corazones.org/oraciones/oraciones_espiritu_santo/a_oracion_espiritu_santo.htm
[22] http://mercaba.org/FICHAS/ORACION/encuentro_1.htm
[23] http://www.devocionario.com/maria/oraciones_1.html
[24] http://www.fluvium.org/textos/devocion/dev07.html
[25] http://www.mariologia.org/oracionsalve.htm
[26] http://es.wikipedia.org/wiki/Oraci%C3%B3n_(religi%C3%B3n)
[27] Ibídem
[28] Ibídem
[29] http://es.wikipedia.org/wiki/Oraci%C3%B3n_(religi%C3%B3n)
[30] http://es.wikipedia.org/wiki/Oraci%C3%B3n_protestante
[31] http://es.wikipedia.org/wiki/Oraci%C3%B3n_(religi%C3%B3n)
[32] Pequeño tratado de oración contemplativa para buscadores solitarios de Dios. (Autor anónimo).
 http://www.abandono.com/Oracion_contemplativa/Tratado.htm
[33] Ibídem.
[34] Ibídem.
[35]Catholic.nec   http://es.catholic.net/talleroracion/tipos.php
[36] Thomas Merton, Capítulo XV del libro LA ORACIÓN CONTEMPLATIVA Editorial PPC. Madrid 1996.
Págs. 117-125   http://www.abandono.com/Oracion_contemplativa/TMerton01.htm
[37] Ibídem.
[38] Ibídem.
[39] Ibídem.
[40] Thomas Merton, Capítulo XV del libro LA ORACIÓN CONTEMPLATIVA Editorial PPC. Madrid 1996.
Págs. 117-125   http://www.abandono.com/Oracion_contemplativa/TMerton01.htm
[41] Ibídem.
[42] Ibídem.
[43] Ibídem.
[44] Unión entre Dios y un alma que ha purgado sus culpas y pecados.
[45] Thomas Merton, Capítulo XV del libro LA ORACIÓN CONTEMPLATIVA Editorial PPC. Madrid 1996. Págs. 117-125   http://www.abandono.com/Oracion_contemplativa/TMerton01.htm
[46] Ibídem
[47] Ibídem.
[48] Ibídem
[49] Ibídem
[50] Ibídem.
[51] Pequeño tratado de oración contemplativa para buscadores solitarios de Dios. (Autor anónimo).
 http://www.abandono.com/Oracion_contemplativa/Tratado.htm
[52] Ibídem
[53] Ibídem.
[54] Ibídem
[55] Ibídem
[56] Thomas Merton, Capítulo XV del libro LA ORACIÓN CONTEMPLATIVA Editorial PPC. Madrid 1996. Págs. 117-125   http://www.abandono.com/Oracion_contemplativa/TMerton01.htm
[57] DRAE
http://lema.rae.es/drae/
[58] DLE    
http://www.wordreference.com/definicion/m%C3%ADstico
[59] Laureano Benítez, Orar con las Oraciones de los Santos
http://www.laureanobenitez.com/metodo_de_oracion.htm
[60] Ibídem
[61] Ibídem
[62] Limpiar o purificar una cosa, eliminar lo que se considera malo o perjudicial
[63] R. Garrigou-Lagrange, Las Tres Edades de la Vida Interior Vol. I, Cap. 15 Las Tres Edades de la Vida Espiritual según los Padres y los Principales Autores Espirituales. Pág. 259/281.
[64] Ibídem.
[65] Ibídem.
[66] Ibídem.
[67] Ibídem.
[68] Ibídem.
[69] Se entiende por ascética: A) El ejercicio y práctica de un estilo de vida austero y sencillo enfocado a conseguir la perfección moral. B) La persona que se dedica a la práctica y ejercicio de la perfección moral, llevando una vida modesta y sobria como parte de ese proceso de perfeccionamiento personal. C) La doctrina en la que se basa la búsqueda de la perfección espiritual en el marco de ese estilo de vida. La ascesis es ejercicio de virtudes, de penitencia, de continencia, de mortificación e impasibilidad. La ascética y la mística cristiana constituyen una única ciencia: la teología espiritual. Por eso en la teología tradicional católica del espíritu se entiende por ascesis aquellos actos que provienen del esfuerzo humano y tienden a perseguir la perfección cristiana, así como el esfuerzo constante y ordenado, en el que la lucha y la renuncia desempeñan un rol fundamental, aunque no decisivo, condición definitoria que siempre queda reservada a la voluntad de Dios.
[70] R. Garrigou-Lagrange, Las Tres Edades de la Vida Interior Vol. I, Cap. 15 Las Tres Edades de la Vida Espiritual según los Padres y los Principales Autores Espirituales. Pág. 259/281.
[71] Ibídem.
[72] Ibídem.
[73] En teología significa: Estado de unión del alma con Dios, caracterizado por la suspensión temporal de las funciones corporales: santa Teresa de Jesús alcanzaba el éxtasis.
http://www.wordreference.com/definicion/%C3%A9xtasis
En medicina significa: Estado de conciencia, en el que se modifica la consistencia del yo, caracterizado por una vivencia de exaltación psíquica en la que los límites entre lo interno y lo externo se rompen (el yo se funde con el no yo) y la actividad voluntaria y las funciones psíquicas quedan suspendidas y absortas en una prolongada contemplación. El auténtico éxtasis, o participación plena en los valores supremos y universales, es el descrito por los místicos religiosos como fenómeno sobrenatural. Estados de conciencia similares se producen, pacientes con esquizofrenia, durante el aura epiléptica y en estados inducidos de trance hipnótico.
http://www.definicion-de.es/xtasis/
[74] http://trinidad.home.xs4all.nl/oracion/contemplacion%20mistica.htm
[75] http://www.caminando-con-jesus.org/CARMELITA/ESDM/mistica_siglo_21.htm
[76] Catholic.net 
       http://es.catholic.net/religiosas/651/1891/articulo.php?id=21411
[77] http://www.caminando-con-jesus.org/CARMELITA/ESDM/mistica_siglo_21.htm
[78] Ibídem.
[79] San Juan de la Cruz nos habla de tres maneras de ver, que producen tres tipos de conocimiento: La visión con los ojos del cuerpo, junto con las experiencias que nos llegan a través de los otros sentidos, produce el conocimiento racional. Es el ordinario, que nos sirve para desenvolvernos en la vida cotidiana. Una forma de ver y un conocimiento que, sin embargo, no nos sirven para Dios, ya que nuestro entendimiento natural no tiene suficiente capacidad, así como nuestros ojos no pueden mirar directamente al sol.
La fe purifica y plenifica el entendimiento, permitiéndonos conocer cosas que desbordan nuestras capacidades a través de la revelación; especialmente, en la vida y doctrina de Jesucristo, verdadera «Palabra del Padre» Y la tercera manera que es mediante la contemplación mística que es la que ha sido abordada en el cuerpo principal de este trabajo.
[80] http://www.caminando-con-jesus.org/CARMELITA/ESDM/mistica_siglo_21.htm
[81] http://trinidad.home.xs4all.nl/oracion/contemplacion%20mistica.htm
[82] P. Plácido Álvarez, 30 de octubre 2011.
http://trapense.com.ve/wp/?p=1138
[83] Ibídem.
[84] Ibídem.
[85] Ibídem.
[86] Ibídem.
[87] Lo dicho es aplicable al desarrollo de la virtud de la castidad, vale decir, que formar para la oración continua es formar para la castidad. Y, por ende, además de quienes se obligan a mantenerse célibes se benefician con la oración continúa los seglares, tanto en su vida personal como matrimonial.
[88] P. Plácido Álvarez, 30 de octubre 2011.
 http://trapense.com.ve/wp/?p=1138 
[89] Ibídem.
[90] Ibídem.
[91] Ibídem.
[92] Ibídem.
[93] Ibídem.
[94] Ibídem.
[95] Ibídem.


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